2018/11/19

Diario de Sueños - 18/11/2018

El domingo dormí toda la tarde.


Soñé que salía de dar clases...

Ya era de noche pero en lugar de ir a mi casa había quedado de verme con mi grupo de amigos con quienes jugué por primera vez Dungeons & Dragons hace años (a algunos de los cuales tiene mucho que no veo), así que caminé varias cuadras por la calle hasta llegar a un edificio de departamentos. Ellos me esperaban en un departamento del tercer piso. Al entrar me di cuenta que era relativamente pequeño y austero pero se veía que no tenía mucho de haber sido construido. Estaban todos ahí, con las luces apagadas, aunque alcanzábamos a vernos claramente porque las luces de los edificios aledaños proporcionaban iluminación indirecta y la penumbra era suficiente para distinguirnos. Saludaba a todos uno a uno y les preguntaba que cómo estaban. Platicábamos muy brevemente, no recuerdo de qué... y en unos instantes más comenzaban a irse o simplemente volteaba y ya no estaban ahí. Luego de un par de minutos, todos se fueron, menos uno de ellos. Yo estaba resignado a quedarme ahí solo y comenzaba a revisar mi mochila para sacar algún cuaderno o libro y ver qué me podía poner a hacer para avanzar en los pendientes y evitar quedarme sin hacer nada pero mi amigo me dijo que fuera con él a otro lugar cerca de ahí, que lo acompañara a una fiesta... o algo así.

Llegamos a otro departamento, con un estilo parecido. Se veía que era nuevo y no muy grande, solo que este se veía muy cuidado y decorado con cosas caras y lujosas como muebles de diseñador y algunos objetos en las paredes. Era blanco con algunos detalles color magenta e incluso parece que tenía luces neón de ese color en algunas partes, como las aristas que unían el techo con las paredes. Pero no había realmente una fiesta. No había música, ni movimiento, ni comida o bebida a la vista. Solo había como 4 personas más en el lugar pero no parecían estar festejando o conviviendo, más bien como que tenían que estar ahí por alguna razón, o esperaban a alguien, aunque su atuendo sí era como de fiesta o como si estuvieran en un bar.

La primer persona a la que vi fue una mujer como de 30 años o poco más, muy maquillada y con un vestido largo color vino; se veía que era guapa, aunque no la alcancé a observar con detenimiento. Estaba sentada, muy seria y callada, en un banco alto al fondo del departamento. También estaba un tipo joven, de unos 20 años, con una actitud más alegre y una cámara en mano con la que no dejaba de grabar a todos en el lugar, incluidos a mi amigo y a mi, al tiempo que sonreía y buscaba llamar nuestra atención como para que supiéramos que nos grababa. Por último, vi dos muchachas muy jóvenes, tal vez adolescentes, ambas con vestido de noche y una actitud seria, tímida, casi triste. Una de ellas era morena y muy delgada, su vestido era color violeta y tenía rasgos un tanto asiáticos, aunque no estaba seguro de que lo fuera. De la otra no recuerdo su apariencia porque estaba parada detrás de la primera. creo que su vestido era blanco.

Yo me senté en la parte central de un sofá blanco que estaba en lo que parecía ser la sala mientras mi amigo se dirigió a una barra en el lugar y comenzó a preparar unas bebidas al tiempo que me comenzó a hablar de un "negocio", aunque no me decía nada en concreto por lo que no me quedaba claro de qué se trataba. Me decía que se ganaba bien y que él sería mi contacto para cuando me encargaran algún trabajo. Luego, él también se sentó en el sofá a mi derecha y me dio una de las bebidas que preparó mientras me seguía hablando de las bondades del trabajo. La jovencita morena de rasgos asiáticos se acercó y se sentó a mi izquierda, muy cerca de mí y me empezó a abrazar y acariciar, incluso a intentar meter su mano debajo de mi camisa. Mi amigo me dijo que ella era "parte de las prestaciones del trabajo", intentando convencerme de aceptar, pero también me dijo que, aunque yo aun no comenzaba a trabajar, por ser su invitado en esa ocasión, podía pasar la noche con ella y me señaló con la cabeza una habitación que no tenía puerta y en la que se alcanzaba a ver una cama amplia cubierta con una colcha negra satinada... al mismo tiempo, ella me seguía acariciando con una mano y estiraba la otra para tocar también a mi amigo. Obviamente, todo eso lo grababa el tipo de la cámara que estaba de pie frente a nosotros haciéndonos señas como para que volteáramos a la cámara.

Mi amigo se levantó y me dijo que tenía que salir porque tenía un trabajo pendiente que hacer, pero que yo me quedara y me la pasara a gusto. En ese instante terminé de "armar el rompecabezas" en mi cabeza y le dije: "Tú vives aquí, ¿verdad?" Y me responde: "Si, deberías mudarte también". 

Mi amigo y las demás personas que estaban esa noche en el departamento vivían ahí, y posiblemente otros más que no estaban en ese momento, pero no era propiamente "su casa", sino su base de operaciones, estaban ahí para tenerlos disponibles todo el tiempo, pero no solo eso. Había dos recámaras en el lugar pero no eran de nadie en particular. Ninguno de ellos tenía una habitación o espacio individual sino que simplemente dormían donde podían, como podían o con quien querían, sin privacidad alguna. Las habitaciones no tenían puertas para saber en todo momento que estaban haciendo los demás, para tenerlos siempre vigilados y para que se vigilaran mutuamente (aunque parece que el sanitario si estaba cerrado). También por eso siempre estaba alguien grabando todo lo que pasaba ahí, para poderlos controlar, para que nadie tramara nada y, en caso de que alguien quisiera desertar o huir, tener toda la información posible de cada individuo para facilitar su localización o para extorsionarlos con el contenido de los videos; por ejemplo: las jovencitas estaban a disposición de los demás para su disfrute sexual pero todo parecía indicar que eran menores de edad y, por lo tanto, eso ya implicaba un delito, de modo que también por ahí podían presionarlos para que no intentaran huir.

Además de darme cuenta de lo anterior, entendí que yo tampoco tenía opción. Desde el momento en el que entré a ese lugar y mi amigo me habló del 'negocio', yo ya había sido reclutado y no me podía rehusar. No sabía exactamente lo que hacían pero ya me había convertido en otro habitante de ese departamento y tenía que esperar a que me dieran una asignación. Por lo que me dijo mi amigo, me quedaba claro que ni él ni ninguno de los ahí presentes era el jefe, sino que alguien más estaba detrás de todo. Ellos solo eran 'empleados'.

Mi amigo se fue, no sin antes darle indicaciones al de la cámara de como debía guardar la grabación de esa noche... y luego me dijo que tal vez podía hacerlo yo para ir aprendiendo cómo se manejaban ahí las cosas. Desde la otra habitación me enseñaron un cajón de madera lleno con cassettes de la cámara (había por lo menos unos cincuenta) y me explicaron donde debía colocar la grabación de esa noche. Yo seguía en el sillón, con la jovencita a mi lado quien seguía acariciándome y solo asentaba con la cabeza a lo que me decían... Luego de que mi amigo se fue me levanté y dije lo único que se me ocurrió, que iría al Oxxo por algo de comer, que no tardaba. Sorprendentemente, nadie se opuso a ello, así que salí caminando rápidamente del lugar mientras pensaba qué hacer, si intentar huir o ir a la policía o qué... pensaba que si huía solo lograría que fueran tras de mí e ir a la policía tal vez era inútil y arriesgado, así que pensé que lo mejor sería seguirles el juego un tiempo e intentar algo para destruir a esa organización desde a dentro. Tal vez buscar la manera de conocer al líder y matarlo.

Mientras pensaba en eso caminaba por el estacionamiento del edificio que, más bien, parecía como de centro comercial... y de repente vi algo: Era un niño de unos 10 años que se acercaba hacia mí. Primero pensé que estaba muy sucio, pero al acercarse noté que su piel era gris. Su ropa era muy vieja, prácticamente harapos y caminaba hacia mí en actitud cada vez más amenazante e irracional... era un tipo de zombie, o al menos eso parecía.

Decidí cambiar la dirección para eludirlo pero al hacerlo me percataba de que no era el único. Varios niños similares salían desde diferentes direcciones. No solo eso, sino que había personas huyendo de ellos que corrían despavoridos convirtiendo la escena en algo caótico. No sabía bien qué dirección tomar y, de hecho, rectifiqué la dirección en varias ocasiones hasta llegar a un sótano muy oscuro mientras varios de esos niños iban detrás de mí.

De alguna manera yo sabía lo que estaba pasando: Esos eran niños de la calle que habían quedado en esa condición a causa de una droga que consumieron, la cual era distribuida por la gente para quienes yo ahora trabajaba y entre cuyos efectos estaban la conducta violenta y errática, además de daño cerebral irreversible luego de unas pocas dosis... y ese inexplicable cambio en el color de la piel. Esos niños aparentemente ya no tenían esperanza. Seguramente la habían ingerido tres o cuatro veces, lo cual era suficiente para deteriorar sus capacidades cognitivas permanentemente, al grado de que habían perdido todo signo de racionalidad. Algunos podían incluso terminar con muerte cerebral porque parece que la droga seguía causando estragos aun después de suspender su uso.

Mientras corría pude hacerme de una pala con la que los mantenía a raya hasta que aparentemente lograba perderlos, pero llegué a un callejón oscuro y sin salida. Cerca de la pared había una veintena de tubos de unas 4 pulgadas de grosor. Parecían el sistema de suministro de agua de algún edificio. Todos los tubos estaban en posición vertical separados entre si y de la pared por varios centímetros, formando lo que parecía un "campo de bambú". Otro sujeto, que llegó corriendo detrás de mí, y yo nos escondimos entre los tubos, como a metro y medio de distancia uno del otro, aunque no ofrecían mucho resguardo. Un par de niños se acercaron a donde estábamos pero se detuvieron a varios pasos de nosotros sin ubicarnos. Uno de ellos, el más pequeño, de unos 7 años, simplemente se fue después de unos instantes de no lograr encontrarnos. El otro, de unos 10 años de edad, se acercó más, pero cuando estaba a punto de llegar a donde estábamos solamente se quedó ahí de pie, como ido. Era imposible que no nos viera porque, aunque había poca luz, estaba de frente a nosotros, como a medio metro de mi, pero como que ya no podía razonar, su cerebro ya no funcionaba muy bien y parecía que, por momentos, simplemente se apagaba y solo se quedó ahí parado con la mirada perdida. Intenté golpearlo con la pala pero por la disposición de los tubos no podía alcanzarlo ni hacer un movimiento contundente con mi brazo. El niño seguía ahí, indiferente, aunque mis movimientos no eran nada sutiles. El otro tipo me hizo señas para que le diera la pala y pudiera intentar usarla. Parecía buena opción porque él tenía mejor ángulo. Yo quedaba frente al niño, mientras aquel sujeto quedaba a su derecha, así que cambié la pala de mano, y con la mano izquierda la lancé en posición vertical hacia él, quien logró tomarla en el aire... se acomodó y consiguió conectarle un fuerte golpe al niño, quien retrocedió solo un poco por la fuerza del impacto pero no mostraba signos de dolor o ninguna reacción consciente, así que mi compañero salió de su escondite para rematarlo. Lo golpeó varias veces con la pala hasta lograr derribarlo. Ya que el niño estaba en el suelo yo solo atiné a decirle: "Asegúrate de matarlo. Pégale en la cabeza con el filo de la pala hasta que le abras el cráneo".



Al despertar, eran las 11 de la noche... estuve más de cuatro horas indeciso entre levantarme a hacer algo o intentar dormir de nuevo.

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